Los alimentos de nuestros abuelos vuelven para quedarse

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Han tenido que pasar muchos para que nuestra salud física y mental ocupe el primer plano. Siempre ha habido gente preocupada por su bienestar, aunque el ritmo frenético en el que vivimos, las jornadas de trabajo maratonianas, los atascos a los que nos vemos expuestos día sí y día también, las múltiples tareas del hogar que tenemos que afrontar cada vez que llegamos a casa después de trabajar o las tareas escolares de los más pequeños consumen nuestro tiempo y acabamos optando por cualquier comida que se ponga ante nuestros ojos.
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Han tenido que pasar muchos para que nuestra salud física y mental ocupe el primer plano. Siempre ha habido gente preocupada por su bienestar, aunque el ritmo frenético en el que vivimos, las jornadas de trabajo maratonianas, los atascos a los que nos vemos expuestos día sí y día también, las múltiples tareas del hogar que tenemos que afrontar cada vez que llegamos a casa después de trabajar o las tareas escolares de los más pequeños consumen nuestro tiempo y acabamos optando por cualquier comida que se ponga ante nuestros ojos.

Han tenido que pasar muchos para que nuestra salud física y mental ocupe el primer plano. Siempre ha habido gente preocupada por su bienestar, aunque el ritmo frenético en el que vivimos, las jornadas de trabajo maratonianas, los atascos a los que nos vemos expuestos día sí y día también, las múltiples tareas del hogar que tenemos que afrontar cada vez que llegamos a casa después de trabajar o las tareas escolares de los más pequeños consumen nuestro tiempo y acabamos optando por cualquier comida que se ponga ante nuestros ojos. En numerosas ocasiones, no somos ni siquiera conscientes de lo que estamos comiendo y, mucho menos, de los efectos que eso está teniendo en nuestra salud y en nuestro bienestar físico, metal y emocional. Porque se ha comprobado, además, que lo que comemos repercute por ejemplo en nuestra flora intestinal, que a su vez regula nuestros estados emocionales y nuestros niveles energéticos.

Si echamos la vista atrás y recordamos la vida de nuestros abuelos, esta era igual de dura o incluso más que la nuestra, con largas jornadas que siempre sabían cuándo empezaban, pero nunca cuándo acababan y con más dificultades de conciliación, ya que no tenían aspirados, robots de cocina o incluso lavadoras que le solucionaran la vida. Pero sí tenían algo muy valioso, y esto eran ingredientes naturales y mucho conocimiento, de ahí que siempre utilizaran harinas integrales, fruta natural o deshidratada para endulzar los postres y grasas de buena calidad con la que elaborar los postres que, además, eran caprichos que se daban en fechas importantes y no los consumían diariamente, como sí hacemos en la actualidad.

Pero todo eso está cambiando y, gracias al interés de los consumidores y a las demandas de productos sanos, establecimientos como la panadería de El Corte Inglés, empresas de venta de pan congelado, el Mercadona o pastelerías artesanas como El Molí Pan y Café optan por productos naturales y de calidad, con la innovación y la investigación por bandera. Así, es cada vez más habitual encontrar pan de masa madre o de trigos antiguos como los que comían nuestros antepasados, así como dulces sin grasas parcialmente hidrogenadas, sin conservantes o con una cantidad notablemente reducida de sal.

Y es que hasta ahora casi todo valía, como por ejemplo el uso del glutamato monosódico, un polémico aditivo que nos hace repetir y no poder de comer ese determinado alimento que contiene este ingrediente, habitual en sopas de sobre, cremas, pastillas de caldo, aperitivos salados, platos precocinados o productos cárnicos también procesados. O el uso indiscriminado de azúcares en productos destinados al consumo de los más pequeñas. E, incluso, la adición de grasas peligrosas para la salud en todo tipo de comidas precocinadas.

En casa, también con caprichos saludables

Gracias a que estamos tomando conciencia de nuestra salud y del efecto que tienen los ingredientes en nuestro cuerpo, estamos dejando atrás determinados alimentos y, a su vez, estamos reeditando nuestras recetas para hacerlas más saludables y más sabrosas. Un ejemplo de esto son las hamburguesas, las pizzas o los donuts.

Preparar tu comida favorita en casa tiene numerosos beneficios, como puede ser el uso de tus ingredientes favoritos y un pan de calidad, conocer la procedencia de los alimentos o dejar el punto de la carne tal y como te gusta. Por ejemplo, puedes adquirir carne de vaca, de cerdo o una mezcla de carne de vaca y de cerdo jugando con sus porcentajes para hacerla más jugosa o sabrosa. También puedes comprar lechuga, tomate y cebolla de calidad a tu frutero para aportar un punto carnoso y crujiente a la hamburguesa.

La pizza puede ser muy calórica o sana en función de tus elecciones, y es que no es lo mismo una pizza cargada de quesos grasos que una que tiene un queso fresco o una bola de mozzarella y, el resto de ingredientes, todos frescos y sanos como el tomate o la verdura. También puedes jugar con la masa de la pizza, y es que no tiene por qué ser siempre la típica masa de harina blanca crujiente o gorda, sino que puedes hacer esa base con zanahoria, con harina integral, con coliflor rallada y huevo, con pollo machacado o incluso con atún para que tenga más proteínas.

En cuanto al dulce, se puede sustituir la leche de vaca por leche de almendras o de arroz, que tendrá azúcares naturales. Y, en este sentido, también podemos jugar con trozos de fruta como manzana o pera, zumo natural de limón o naranja o uvas pasas y dátiles para sustituir el azúcar, aunque si consideramos que el azúcar es indispensable en nuestro postre siempre podemos sustituir el blanco por el moreno.

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