Siempre más joven

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Es curioso comprobar cómo desde hace miles de años el ser humano, de forma generalizada, ha intentado aparentar siempre menos edad de la que tiene. Lo que quiero decir con esto es que no ha sido una tendencia más o menos moderna sino que ya en el Antiguo Egipto, grandes figuras como la conocida Nefertiti, o en Roma Cleopatra, usaban todo tipo de ungüentos y cuidados para aparentar siempre menos edad que la que tenían realmente.
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Es curioso comprobar cómo desde hace miles de años el ser humano, de forma generalizada, ha intentado aparentar siempre menos edad de la que tiene. Lo que quiero decir con esto es que no ha sido una tendencia más o menos moderna sino que ya en el Antiguo Egipto, grandes figuras como la conocida Nefertiti, o en Roma Cleopatra, usaban todo tipo de ungüentos y cuidados para aparentar siempre menos edad que la que tenían realmente.

Es curioso comprobar cómo desde hace miles de años el ser humano, de forma generalizada, ha intentado aparentar siempre menos edad de la que tiene. Lo que quiero decir con esto es que no ha sido una tendencia más o menos moderna sino que ya en el Antiguo Egipto, grandes figuras como la conocida Nefertiti, o en Roma Cleopatra, usaban todo tipo de ungüentos y cuidados para aparentar siempre menos edad que la que tenían realmente.

Habrá quien pueda llegar a pensar que los baños en leche de burra de Cleopatra no eran para quitarse unos años de encima, sino para tener una piel tersa y suave y estar más bella. Pero la realidad es que eso es precisamente aparentar ser más joven.

Y esto hay que matizarlo, porque cuando usamos maquillaje para remarcar el contorno de nuestros ojos (por ejemplo) estamos intentando vernos mejor, obviamente, más guapos y guapas ante el espejo, pero cuando usamos las cremas para tener la piel más bonita, y sobre todo cuando intentamos eliminar manchas de la piel que aparecen con el transcurso de los años, así como las típicas arrugas, lo que estamos haciendo es intentar aparentar una juventud que ya no tenemos.

Aunque hay que matizar que hay quien al maquillarse, probablemente por falta de técnica o por no saber muy bien cómo hacerlo, acaba ganando años en lugar de perderlos. En Make Up School, la conocida escuela de maquillaje de Cristina Rivero, han explicado más de una vez que hay quienes acuden hasta su centro buscando cursos de maquillaje para aprender a maquillarse correctamente y que luego, hablando con ellas (casi siempre son mujeres), empiezan a aflorar esos matices de más que las han llevado a buscar este tipo de cursos, tales como disimular imperfecciones que las tienen acomplejadas y, por supuesto, aparentar mayor juventud.

Juventud, ¿divino tesoro?

Cabe recordar que hay culturas donde la vejez es sinónimo de sabiduría y de ahí que ser mayor no sea algo negativo. El problema de nuestra sociedad es que culturalmente pasa justo la contrario. Conforme nos hacemos mayores, la sociedad empieza a vernos como “problemas” que ya no saben valerse por sí mismos y dan trabajo, tanto a los hijos como al entorno. Pasamos de ser personas activas que trabajan y pueden hacer mil cosas a ser personas dependientes (supuestamente) que no saben hacer la o con un canuto y aunque en algunos casos es así, desgraciadamente debido a ciertas enfermedades degenerativas, la realidad es que envejecer no es sinónimo de volverte incapaz, o inepto, ni siquiera es sinónimo de no poder seguir aprendiendo cosas nuevas.

Ahora mismo me considero una persona capaz de aprender muchas cosas y además, debido a mi empleo, muy capaz también con las nuevas tecnologías. No obstante, ¿Quién me dice a mí que dentro de 30 años me seguirán tratando del mismo modo? La realidad es que para entonces seré una persona mayor a la que se le supone un manejo nulo de las nuevas tecnologías, y da igual si sabes o no manejarlas porque de ese modo es como te ve la sociedad.

Todo esto, al final, lo que provoca es que busquemos la píldora de la eterna juventud que aunque no existe, no se pierde la esperanza. De ahí que cada vez aparezcan nuevas cremas, nuevos remedios y nuevas pastillas milagrosas que, al final, no sirven de nada.

Realmente, lo único que funciona y que se ha probado científicamente para llega a una vejez sana y sintiéndonos lo más jóvenes posible es el ejercicio físico, llevar una vida activa tanto física como mentalmente, seguir una dieta sana y equilibrada y buscar algo de apoyo intentando reducir el estrés oxidativo de nuestras células que es, precisamente, lo que nos hace envejecer.

En la web de Tetrasod® podemos leer cómo reducir el estrés oxidativo. Allí nos explican que las enzimas antioxidantes son la clave para conseguir retrasar ese envejecimiento al que todos estamos abocados. Un apoyo es, por supuesto, seguir una dieta que contenga alimentos ricos en este tipo de enzimas como, es decir, alimentos antioxidantes como:

  • Frutos del bosque: arándanos, moras, grosellas, uvas, fresas… Los frutos del bosque quizá sean los alimentos con antioxidantes más conocidos. Esta propiedad se debe a su contenido en antocianina, pigmento responsable del color de muchas frutas y verduras que va desde el rojo hasta la gama de los azulados.
  • El ajo: El ajo es un potente antioxidante, rico en polifenoles y vitamina C y aliína, una sustancia con propiedades anticancerígeneas, antiinflamatorias y cardioprotectoras entre otras.
  • Tomates y zanahorias: Los carotenoides son otros de los antioxidantes más frecuentes en nuestros alimentos. Presentes de manera natural en verduras y frutas, otorgan a estas colores que pueden ir del rojo al anaranjado así como al amarillo. Entre sus beneficios para la salud, juegan un papel relevante en lo relativo a nuestra visión, siendo además un importante aporte de vitamina A.
  • Cacao: en su forma natural es una de las mayores fuentes de polifenoles, (entre 10 mg y 50 mg por gramo). De entre ellos, destacan los flavanoles, principalmente en forma de epicatequinas, catequinas y procianidinas.
  • Té verde: Un potente antioxidante lo encontramos en el té verde, debido a que esta bebida es rica en catequinas, un compuesto que protege a las células de la acción de los radicales libres.
  • Aceite de Oliva: La vitamina E es otro antioxidante recomendable de incorporar a nuestro organismo. Protege nuestro cuerpo de la acción de los radicales libres, juega un rol importante frente al envejecimiento y además refuerza nuestro sistema inmunitario.
  • Cítricos: El ácido ascórbico, más conocido como vitamina C, es otro potente antioxidante que podemos obtener de los cítricos como el limón, la lima, la naranja o la mandarina.
  • Manzanas: Mención especial merecen las manzanas, una buena fuente de antioxidantes. Y es que según las investigaciones, el consumo de manzanas puede ayudar a inhibir la proliferación de células cancerosas, disminuir la oxidación de lípidos y reducir el colesterol.
  • Granada: La fruta granada es un espinoso, arbusto de hoja caduca o pequeño árbol con fuertes propiedades antioxidantes, lo que ha sido atribuido al alto contenido de polifenoles. El zumo de granada es un rico en polifenoles con alta capacidad antioxidante. En este capítulo se describe la botánica, la historia, las regiones productoras de sabor y aroma, piezas usadas, y componentes activos.

Y por el contrario, ¿qué hábitos de nuestra vida diaria pueden favorecer la aparición del estrés oxidativo?

Pues, por un lado tenemos los factores medioambientales como la contaminación, la excesiva exposición a la luz solar, la exposición a sustancias tóxicas, etc. En este sentido poco podemos hacer, salvo seguir luchando contra la contaminación promoviendo el respeto por el medio ambiente, más que nada porque no podemos evitar respirar ese aire contaminado aunque sí hay otras cosas que podemos limitar como, por ejemplo, la exposición a la luz solar.

Por otro lado, y aquí es donde sí podemos actuar inmediatamente, encontramos factores de estilo de vida, como el consumo de alcohol, el tabaquismo activo y pasivo o una actividad física desequilibrada. En nuestra mano está la posibilidad de evitar todos y cada uno de estos factores, desde el tabaco hasta la actividad física y, por supuesto, la ingesta (o no) de alcohol.

Al final todo esto lo que nos viene a decir es que, aunque recurramos a cierta ayuda avalada científicamente, está en nuestra mano llegar con mayor o menos juventud a la vejez, por paradójica que suene esa frase. Y es que esa es la realidad, todos vamos a llegar a la vejez, pero cómo llegaremos depende más de nosotros mismos que de otros factores y lo que no tiene sentido es usar mil cremas, tomar mil pastillas y ponernos una máscara de maquillaje para aparentar cuando la realidad es mucho más sencilla pues con una dieta sana y equilibrada, el ejercicio físico pertinente y unos hábitos de vida saludables conseguiríamos unos resultados mucho mejores.

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