Valladolid-Munich: Odisea de un viaje por carretera

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Ya sabemos cómo comienzan las grandes aventuras, o locuras, con un grupo de amigos tomando unas cañas y diciendo la famosa frase de “no hay huevos”. Pues sí, la mía también comienza en el viejo bar La Gramola, en Valladolid, con dos amigos de la infancia y unas Estrella Galicia de por medio. Somos muy aficionados al fútbol, y por supuesto, al Atlético de Madrid. Pues bien, entre caña y caña, decidimos que era el momento de ir a ver al equipo del Cholo Simeone a Munich en el partido de la Liga de Campeones. Queríamos una noche de Champions y la queríamos por todo lo alto.
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Ya sabemos cómo comienzan las grandes aventuras, o locuras, con un grupo de amigos tomando unas cañas y diciendo la famosa frase de “no hay huevos”. Pues sí, la mía también comienza en el viejo bar La Gramola, en Valladolid, con dos amigos de la infancia y unas Estrella Galicia de por medio. Somos muy aficionados al fútbol, y por supuesto, al Atlético de Madrid. Pues bien, entre caña y caña, decidimos que era el momento de ir a ver al equipo del Cholo Simeone a Munich en el partido de la Liga de Campeones. Queríamos una noche de Champions y la queríamos por todo lo alto.

Ya sabemos cómo comienzan las grandes aventuras, o locuras, con un grupo de amigos tomando unas cañas y diciendo la famosa frase de “no hay huevos”. Pues sí, la mía también comienza en el viejo bar La Gramola, en Valladolid, con dos amigos de la infancia y unas Estrella Galicia de por medio. Somos muy aficionados al fútbol, y por supuesto, al Atlético de Madrid. Pues bien, entre caña y caña, decidimos que era el momento de ir a ver al equipo del Cholo Simeone a Munich en el partido de la Liga de Campeones. Queríamos una noche de Champions y la queríamos por todo lo alto.

Hasta aquí todo normal. Ahora bien, nos gustan los retos y no pensamos en ir a Munich en avión, que hubiera sido lo más fácil y lo más caro, tampoco en tren, que podría haber sido interesante. Nosotros nos ponemos retos más grandes y decidimos que iríamos a tierras alemanas en coche. Sí, en cuatro ruedas. En total, casi 1.900 kilómetros. O lo que es lo mismo 18 horas en coche. Toda una locura. Así que comenzamos con toda la logística. Lo primero era pedir los días en el trabajo. Un atlético lleva la sangre rojiblanca en las venas y hace lo que sea por su equipo. Yo tuve que pedir cuatro días. Dos de ida y dos de vuelta.

Lo segundo era conseguir las entradas, fue fácil. Pertenecemos a una peña rojiblanca y ellos nos las consiguieron. Además, no íbamos a ser muchos los que fuéramos desde España. Sí es cierto que algunos compañeros viajaron desde Madrid, pero claro, en avión. Lo nuestro era más heavy. Cogimos varios kilos de comida en el supermercado. Por supuesto, muchos bocadillos de chorizo, de jamón y fruta. Alguna que otra cerveza, pero teniendo en cuenta que teníamos que rotarnos a la hora de conducir, así que con cuidado. Como éramos 4, el viaje lo dividimos en tramos de 5 horas. Y la verdad es que fue una gozada, de esas experiencias que siempre recuerdas.

El viaje fue impresionante porque cruzamos toda Francia y así se pueden ver muchas ciudades. Aunque lo que más nos gustó es cuando llegamos a Alemania y descubrimos cómo es este país. Nada más llegar nos fuimos a un restaurante para poder disfrutar la excelente cerveza y las famosas salchichas. Todo muy bueno. Lástima que no estuviéramos en octubre para haber vivido de lleno la Oktoberfest, aunque es cierto que no sabemos cómo hubiéramos llegado al estadio de fútbol. Y hablando de estadios…

Un estadio impresionante

El estadio del Bayern es impresionante, el famoso Allianz Arena. Como datos, sacados de la Wikipedia, para la construcción se utilizaron aproximadamente 120 000 m³ de hormigón para el estadio y 85.000 m³ para los estacionamientos. Se emplearon 22 000 toneladas de acero para la construcción del estadio total y 14-000 t para los estacionamientos, cuya extensión es de 270.000 m² aproximadamente. La arquitectura exterior del Allianz Arena está compuesta de 2874 paneles romboidales de ETFE (copolímero de etileno-tetrafluoretileno) a una presión de 0,035 hPa. Cada panel puede iluminarse de manera independiente de color blanco, rojo o azul.

Es una pasada, aunque lo más flipante fue ver ganar a mi Atleti por 1-2. Y es que pocas cosas hay más bonitas en esta vida que ver ganar a tu equipo en un templo del fútbol. Así se pudo hacer un viaje de vuelta con toda la emoción del mundo. Sabíamos que nos esperaban otras 18 horas de estar metidos en un coche, pero con la experiencia vivida se hace mucho más ameno.

El motor hizo crack

Aunque os tengo que contar un secreto. Hay uno que no aguantó el viaje, fue nuestro coche. El motor del Renault Megane quedó KO. La verdad es que se me quedó cara de tonto porque había oído que cuando se rompe un motor, lo mejor es comprarte un coche nuevo. No estaba mi economía para estas cosas, así que tuve que pedir ayuda a mi amigo Juan, que es experto en estas cosas. Y es cuando me dijo que muchas veces sale mejor acudir a una empresa de reconstrucción de motores. Yo lo hice con Motores Reconstruidos Mober, que me dieron un motor de primera calidad. Un motor que cuenta con una garantía de un 1 año y con una vida útil igual o superior al del motor original.

De esta manera, el famoso viaje a Munich fue inolvidable. Por todo lo vivido junto a mis amigos, porque vimos ganar al Atleti en Champions y porque descubrí que los motores de los coches no son eternos.

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